Según el Índice de Crimen Organizado 2021, el continente americano es el tercero con mayores niveles de criminalidad (sólo después de Asia y África). Dentro del continente, Centroamérica y Sudamérica son las dos subregiones con mayor presencia del mercado criminal y con las puntuaciones más bajas en cuanto a resiliencia. Estos resultados son promovidos por la impunidad y la corrupción que generan una espiral negativa de criminalidad, débil desarrollo económico, desplazamiento forzado, tráfico de personas y contrabando. Los cimientos del trabajo de GI-TOC en la región comenzaron en 2017 con el lanzamiento del Proyecto #GIResiliencia en México, una iniciativa piloto para documentar las respuestas comunitarias al crimen organizado e impulsar la resiliencia local ante el mismo. En 2018, nuestro trabajo se expandió a Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá para entender la extorsión, crear capacidades locales contra ella y trabajar en enfoques innovadores para prevenirla y controlarla.

En Colombia, el trabajo de GI-TOC se ha ampliado para promover la resiliencia en los municipios rurales más afectados por el conflicto armado y las organizaciones criminales, lo que nos ha permitido fomentar el diálogo entre los miembros de la comunidad, las autoridades municipales y nacionales, así como los grupos de base.

Además, a través del Fondo de Resiliencia, nuestra organización ha apoyado proyectos de prevención del delito e iniciativas de resiliencia comunitaria con organizaciones de base y miembros de la comunidad.

Actualmente, la presencia de GI-TOC en la región abarca 11 países: México, Guatemala, Honduras, Haití, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y Paraguay.

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