A drug epidemic is percolating through North Korea. Idle factories have been repurposed, and are pumping methamphetamine out to growing pool of users. Demand for the drug comes not only from well-heeled government apparatchiks, but also from common members of society. Some defectors have claimed that in the northern provinces a “majority of younger North Koreans have sampled [meth]”, while others note that restaurants give it away as an after dinner aperitif.

North Korea is an extreme version of an increasingly common situation.  As the 2013 World Drug report featured in the last edition of Analyzing Organized Crime highlighted, the global trade in amphetamines and methamphetamines is booming. The Asia market for crystal methamphetamine alone is estimated at $6.5 billion a year. Long established markets for methamphetamine in East Asia, South-East Asia, and North America are growing, while a new market for the drug has emerged in Africa. Seizures of the cheap, potent, and highly addictive drugs have surged worldwide, with methamphetamine seizures alone growing 77% between 2010 and 2011. New production zones have emerged in Mexico and Central America, South-East Asia, and West Africa. Responding to demand, organized crime groups have moved into the market. Mexican DTOs have set up super-labs manufacturing low-cost meth for the North American market, while according to UNODC, in northern Burma ethnic armies have diversified from heroin production into amphetamines.

A challenge for governments it that it is devilishly difficult to combat methamphetamine trafficking. Unlike cocaine, heroin, or marijuana, with meth there are no fields to target for eradication, its ingredients are easy procured in most countries, and only a minimal amount of equipment and training are necessary for the production. Production sites can be located anywhere, in industrial buildings, homes, or even moving vehicles. This has enabled traffickers to establish production labs very close to consuming markets, significantly complicating interdiction efforts.

Nonetheless, states are working to stamp out the drug. The pace of seizures is increasing, as is the rate at which production labs are uncovered and seized. Regional cooperation has increased in Asia, as China and its Southeast Asian neighbors have partnered to arrest traffickers. Transnational cooperation and effective information sharing amongst states will become increasingly important as methamphetamine and amphetamine usage increase. If a methamphetamine epidemic can emerge in one of the world’s poorest and most closed societies, there are few places that are not at risk.

                                                        

 

Metanfetaminas en Corea del Norte

Una epidemia de drogas está filtrándose en toda Corea del Norte. Fábricas que estaban inactivas se han puesto nuevamente en funcionamiento y están produciendo metanfetamina para un grupo creciente de consumidores. La demanda no sólo proviene de acaudalados apparatchiks, sino también de ciudadanos comunes. Algunos desertores afirman que en las provincias del norte, gran parte de los jóvenes ya han probado la meta, y otros mencionan que hay restaurantes que incluso la ofrecen como un aperitivo después de la cena.

Corea del Norte es una versión extrema de una situación que está volviéndose cada vez más común. Tal como lo remarca el Informe Mundial sobre Drogas 2013 presentado en nuestra último Análisis sobre el Crimen organizado, el comercio global de anfetaminas y metanfetaminas está en pleno auge. Sólo el mercado asiático de metanfetamina cristalizada está estimado en $6,5 billones anuales. Los mercados de meta ya establecidos en Asia Oriental, el sudeste asiático y Norteamérica están extendiéndose, a la vez que un nuevo mercado de drogas ha comenzado a surgir en África. El número de decomisos de drogas baratas, fuertes y altamente adictivas se ha disparado a nivel global – sólo los decomisos de metanfetamina han aumentado en un 77% entre 2010 y 2011. Además, se han desarrollado nuevas zonas de producción en México y América Central,  en el sudeste asiático y en África Occidental. Dando respuestas a la demanda, nuevos grupos criminales han ingresado en el mercado. Organizaciones narcotraficantes en México han establecido súper laboratorios que sintetizan metanfetamina de bajo costo para el mercado norteamericano. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en el norte de Birmania, ejércitos étnicos han diversificado su producción de heroína en anfetaminas.

El desafío de los gobiernos es que es sumamente difícil combatir el tráfico de metanfetamina. A diferencia de la cocaína, la heroína o la marihuana, en el caso de la metanfetamina no existen campos para buscar y erradicar; sus ingredientes son fáciles de conseguir en la mayoría de los países, y para su producción sólo se necesita equipamiento y entrenamiento mínimos. Los sitios de producción pueden estar ubicados en cualquier lugar: en edificios industriales, en hogares, o incluso en vehículos en movimiento. Esto les ha permitido a los traficantes establecer laboratorios de producción muy cerca de los mercados consumidores, complicando significativamente los esfuerzos de detenerlos.

No obstante, los estados están trabajando en extirpar la droga. El ritmo de decomisos está aumentando, como también lo está haciendo el desmantelamiento de laboratorios. También ha subido el nivel de cooperación regional en Asia debido a que China y sus vecinos del sudeste asiático se han asociado para arrestar a los traficantes. La cooperación transnacional y la efectiva prestación de información entre los estados van a convertirse en factores cada vez más importantes durante este crecimiento del consumo de anfetaminas y metanfetaminas. Si una epidemia en el consumo de estas drogas puede surgir en una de las sociedades más pobres y cerradas del mundo, entonces hay pocos países que pueden estar exentos de ella.

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