This report outlines key regional dynamics shaping organized crime across Latin America and the Caribbean (LAC), drawing on the main trends identified in the Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC)’s Global Organized Crime Index (2023). The report looks at the political and socio-economic context of LAC, highlighting structural weaknesses that have been exacerbated by political volatility, limited state control over borders, high levels of violence and ineffective law enforcement.
These conditions have enabled criminal actors to consolidate power, infiltrate state institutions and diversify their operational scope. Economically, high levels of labour informality and socio-economic inequality have pushed vulnerable populations to participate in illicit economies, further entrenching criminal markets. Meanwhile, widespread crises in prison systems throughout the region have turned penitentiaries into hubs of criminal governance. The convergence of these factors, along with an expanding network of transnational crime alliances, underscores the growing complexity of organized crime in the region.
These structural drivers and criminal dynamics help explain certain trends in criminality and resilience observed across the region. As Figure 1 illustrates, there are distinct regional patterns. Caribbean countries generally fall within the quadrant of low criminality and medium-to-high resilience, reflecting relatively stable environments and stronger institutional responses to organized crime.
By contrast, much of South America – such as Brazil, Colombia and Venezuela – is located in the quadrant of high criminality and medium or low resilience, revealing both the consolidation of illicit markets and limited state capacity to contain them. Central American countries like El Salvador, Honduras and Nicaragua, meanwhile, are concentrated in the quadrant of high criminality and low resilience, making the subregion particularly vulnerable.
An alert should be raised for the Southern Cone. While the indicators are generally favourable, with Uruguay standing out for its high resilience and low levels of criminality, both Chile and Argentina are approaching the threshold for high criminality, despite showing intermediate values. This trend raises concerns about their potential future deterioration. The worst-case scenario is illustrated by the lower-right quadrant, which includes countries with high criminality and low resilience, such as Haiti, Nicaragua and Venezuela. These countries are characterized by weak institutional structures and severely limited state capacity to respond to organized crime.
Criminalidad y dinámicas multicrimen: tendencias en Latinoamérica
En este informe se describen las principales dinámicas regionales que configuran el crimen organizado en Latinoamérica y el Caribe (LAC), a partir de las tendencias claves que se identifican en el Índice global de crimen organizado (2023) de la Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC). En este documento se analiza el contexto político y socioeconómico de la región, y se destacan las debilidades estructurales que se han visto agravadas por la volatilidad política, el limitado control estatal de las fronteras, los altos niveles de violencia y la ineficacia de los organismos de seguridad.
Estas condiciones han permitido que los actores criminales consoliden su poder, se infiltren en las instituciones gubernamentales y diversifiquen su ámbito operativo. Desde el punto de vista financiero, la elevada informalidad laboral e inequidad socioeconómica han forzado a las poblaciones vulnerables a participar en economías ilícitas, afianzando aún más los mercados criminales. Mientras tanto, la crisis generalizada en los sistemas carcelarios de toda la región ha convertido a las penitenciarías en centros de gobernanza criminal. La convergencia de estos factores, junto con una creciente red de alianzas criminales transnacionales, destaca la complejidad del crimen organizado en la región.
Estos factores estructurales y dinámicas criminales ayudan a explicar ciertas tendencias en la criminalidad y resiliencia que se ha observado en la región. Existen distintos patrones regionales. Los países de la región del Caribe suelen ubicarse en el cuadrante de baja criminalidad y resiliencia de media a alta, lo que refleja entornos relativamente estables y respuestas institucionales más sólidas frente al crimen organizado.
En contraste, gran parte de Sudamérica, como Brasil, Colombia y Venezuela, se ubica en el cuadrante de criminalidad alta y resiliencia media o baja, lo que pone de manifiesto tanto la consolidación de los mercados ilícitos como la limitada capacidad del Estado para contenerlos. Los países de Centroamérica, como El Salvador, Honduras y Nicaragua, mientras tanto, se concentran en el cuadrante de criminalidad alta y resiliencia baja, dejando a la subregión en una situación de especial vulnerabilidad.
Cabe destacar en particular el Cono Sur.5 Si bien los indicadores son generalmente favorables, con Uruguay destacándose por su resiliencia alta y niveles bajos de criminalidad, tanto Chile como Argentina se acercan al umbral de criminalidad alta, a pesar de tener valores intermedios. Esta tendencia genera preocupación sobre su posible deterioro en el futuro. El peor escenario se muestra en el cuadrante inferior derecho, que incluye países con criminalidad alta y resiliencia baja, como Haití, Nicaragua y Venezuela. Estos países se caracterizan por estructuras institucionales débiles y una capacidad gubernamental enormemente limitada para responder al crimen organizado.