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This, our second of two reports on narcotics trafficking in Niger, looks at the growth in the market for tramadol, a more recent entrant into the regional drugs economy.

While the trafficking of drugs like cocaine and cannabis resin has tended to catch the attention of analysts who follow flows of narcotics in the Sahel, trafficking and consumption of synthetic opioids in the region, and specifically the analgesic tramadol, have grown exponentially in recent years.

A December 2017 report by the UN Office on Drugs and Crime, for example, found that ‘yearly seizures of tramadol in sub-Saharan Africa have risen from 300 kg to over 3 tons since 2013’.

Within this context, Niger has emerged as a key gateway for tramadol trafficked from Nigeria, where it is readily available and fuelling a widespread addiction crisis, partly due to the country’s lax monitoring of pharmaceuticals. From Nigeria, consignments of tramadol are trafficked mainly to consumer markets in Libya and, now, to a lesser extent, Niger and Mali.

During recent fieldwork carried about the Global Initiative Against Transnational Organized Crime, interlocutors in northern Niger – including individuals involved in the transport of tramadol into Libya – indicated that the proliferation of tramadol trafficking is a result of its increased availability (barriers to the tramadol market are considerably lower than the closed circuits that move high-value products like cocaine), the ease with which it can be hidden and its increasing demand for use within the region.

Several transporters (who were directly involved with migrant smuggling) told the Global Initiative that they had started to traffic tramadol, in part to make up for lost income, but also because there is a growing regional market. Those involved in smuggling and trafficking of licit and illicit goods from Niger to Libya, and vice versa, are increasingly adding tramadol to their cargo due to the growth of the tramadol economy.

According to two smugglers who transport tramadol procured in Nigeria from Agadez to the town of Sebha, in southern Libya, the price of Tramadol increases as the product moves further north. One smuggler, who is primarily based in southern Libya, said that a quantity that can be procured for about €300 in northern Nigeria can easily sell for €4.500 in Sebha. Prices fluctuate, however, depending on availability in a given area, with shortages or delays in the supply chain in northern Nigeria influencing prices all along the route to market in Libya.

Understanding the supply chain and how the networks that move tramadol through Niger remains under-analyzed and under-researched. However, according to those who have transported tramadol, and to well-placed interlocutors familiar with certain networks, the towns of Maradi and Zinder, in southern Niger, have emerged as consolidation points for tramadol smuggled out of northern Nigeria. Some interviewees spoke of how motorbike taxis are used to smuggle small quantities across the border, for consolidation once in Niger. Others, including Nigerien law-enforcement officials, indicated that couriers, often Nigerian women travelling to Libya, are paid to carry small quantities on public transport.

In and around Agadez, another main consolidation point for onward transport into southern Libya, tramadol may be repackaged to look like another product; it is then shipped in larger trucks or 4×4 pick-ups. Several interviewees said that a prominent businessman based near Agadez, who oversees a supply chain that stretches from northern Nigeria to Agadez, pays traffickers from Libya to drive 4x4s full of repackaged tramadol. Upon completion of several trips, the trafficker is allowed to keep the vehicle as part of his payment.

Much of the information about these operations was gathered during a period in northern Niger when illicit economies, of all sorts, were in flux. If anything, today, the tramadol market in Niger is one for the taking, and given its growth and the profits to be made, it is only a matter of time that this market will become enmeshed within formal and informal political structures. Researchers, analysts and policymakers, therefore, would do well to start developing frameworks that aim to provide a better understanding of the broader political economy of tramadol trafficking in Niger.

This blog draws on interviews conducted by the author in Agadez and Niamey in December 2017.

© photo [Cooper Inveen/Al Jazeera]
Las redes narcotraficantes de Níger

Para conocer la relación entre el tráfico ilícito de drogas y Níger, basta con mirar al Estado.

En los últimos años, los flujos de cocaína y resina de cannabis en el Sahel y el Sahara han atraído mucha atención internacional debido a la preocupación por la existencia de un posible nexo y colaboración entre cárteles narcotraficantes en Sudamérica y grupos yihadistas en Africa. El trabajo de campo realizado recientemente por la Iniciativa Global en Níger sugiere, no obstante, que estos flujos están en realidad controlados por una red muy cerrada de actores, y  que las afirmaciones de una relación narco-yihadista siguen siendo exageradas.

Movilizar grandes cantidades de drogas de alto valor en territorios colmados de bandolerismo, y en donde una multitud de grupos armados controlan las redes y el territorio, exige tener conexiones de alto nivel con varios gobiernos y actores no estatales, un financiamiento considerable, experiencia logística, y la habilidad de usar la fuerza contra los rivales que se presenten. Puede que estas redes operen en espacios similares a los grupos yihadistas, pero se trata de una proximidad que no puede interpretarse verazmente como una alianza.

A pesar de la falta de pruebas, persisten las afirmaciones de que existe una conexión entre el narcotráfico y el yihadismo, y ciertos formuladores de políticas europeos parecen deseosos de agregar el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas como un tercer nodo en este supuesto nexo. Desde una perspectiva tanto analítica como política, es más importante que nunca delinear los distintos fenómenos que representan el extremismo violento, el narcotráfico, y el tráfico ilícito de migrantes.

Un vínculo más importante y que socava constantemente la credibilidad del gobierno nigerino a los ojos de sus ciudadanos – y, por extensión, la credibilidad de los gobiernos europeos que tantas ganas tienen de destinar recursos en esto – , es el que existe entre narcotraficantes y el gobierno de Níger. Quizás el ejemplo que mejor demuestra esta situación es el del difunto empresario nigerino y operador político Cherif Ould Abidine, conocido localmente en Agadez como “Cherif Cocaína”.

Durante años, fue un secreto a voces que Abidine, dueño de las principales empresas de transporte, recibía “protección” por parte de funcionarios en el más alto nivel del gobierno nigerino. Desde la muerte de Abidine en 2016, los medios locales e internacionales han sido estridentes sobre su supuesta actividad en el narcotráfico y sus lazos con el partido gobernante. Desde hace un tiempo se dice que Abidine había financiado campañas políticas, principalmente las del partido en funciones, el PNDS. Entre activistas y disidentes, la narrativa que prevalece es que el presidente de Níger, Mahamadou Issoufou, es apoyado y apuntalado por este dinero “árabe”. A pesar de existir escasa evidencia concreta, el enorme papel que cumple el dinero sucio dentro de la política electoral nigerina es muy probablemente cierto, pero más importante aun, es que se trata de una realidad local aceptada que impacta directamente en la confianza del pueblo hacia las instituciones nigerinas y la legitimidad de Issoufou.

Además de la complicidad de Abidine con el gobierno, activistas en Níger señalan rápidamente que, según constan en algunos informes, el gobierno francés le adjudicó el contrato para transportar material militar a Madama, una base militar francesa próxima a la frontera con Libia. Esto nos hace preguntar hasta qué punto el gobierno francés está dispuesto a mirar para otro lado e ignorar la actividad delictiva en busca de sus propios objetivos de seguridad.

Mientras tanto, hay otros empresarios destacados señalados de estar involucrados en actividades ilícitas, como Mohamed Rhissa Ali, quien también opera en el sector del transporte y tiene lazos cercanos con las elites gobernantes. Rhissa Ali, también conocido como “Rimbo”, ha sido uno de los principales donadores para el PNDS, y su nombre aparece en los Panama Papers, lo que  sugiere – aunque no necesariamente prueba – que utilizaba cuentas en el exterior para lavar dinero.

Otros individuos que parecen estar implicados directamente en el tráfico ilícito de drogas y armas, entre los que se incluye a ex rebeldes que nunca firmaron los acuerdos de paz, han logrado traducir su poder sobre ciertas rutas de tráfico ilícito en influencia económica y política de una manera sin precedentes. Estos actores participan descaradamente en el contrabando de una serie de bienes, han invertido fortunas en el pujante sector del oro, y se cree que algunos han estado involucrados en incidentes recientes relacionados con ajustes de cuentas, puesto que varios se están disputando el control de ciertas rutas.

El dominio del que gozan estos actores dentro de las estructuras políticas y de seguridad formales e informales, a pesar de estar fuera de las políticas electorales, ha sido ampliamente citado como ejemplo de cómo las estructuras informales de gobernanza están tomando características criminales, socavando el equilibrio tradicional de poder y erosionado aun más la confianza en el Estado nigerino.

Además, conforme Europa consolida su alianza con el gobierno de Níger – y los formuladores de políticas europeos no toman conciencia de la actividad criminal existente entre las elites nigerinas, o están dispuestos a tolerarla – es difícil que los ciudadanos nigerinos crean seriamente que a Europa le importa la buena gobernanza y la rendición de cuentas en Níger, como así lo afirma.

Como me dijo un activista de la sociedad civil en Agadez durante un viaje que realicé hace poco al norte de Níger, no es sólo el gobierno de Níger que tolera la delincuencia y el tráfico: “Algunas de estas personas han aumentado su poder de formas que no son correctas. El gobierno nigerino trabaja con bandidos y delincuentes – pero también lo hace Europa”, sostuvo, en referencia a los intentos del gobierno italiano de trabajar con los Tubu y los Tuareg en el sur de Libia en un intento de contener el tráfico ilícito de migrantes. “Ambos utilizan este tipo de actores para hacer el trabajo sucio.”

* Este articulo se vale de entrevistas realizadas por el autor en Agadez y Niamey en diciembre de 2017.

Author

Peter Tinti

Peter Tinti is a Senior Research Fellow at the Global Initiative Against Transnational Organized Crime and independent journalist, focusing on conflict, human rights and organized crime. As part of his work for the Global Initiative, Tinti has written and contributed to several reports on organized crime in the Sahel, narcotics trafficking in Mali, and migrant smuggling networks in Africa, Asia, and Europe.

In addition to his work for the Global Initiative, Tinti’s writing and photography has appeared in The New York Times, The Wall Street Journal, Foreign Policy, and Vice, among other outlets. Tinti’s work covering the conflict in Mali earned him recognition by Action on Armed Violence, which included him on its list titled, “Top 100: The most influential journalists covering armed violence.

His forthcoming book on the smuggling networks behind Europe’s migration crisis, Migrant, Refugee; Smuggler, Savior, co-authored with Tuesday Reitano, will be published by Hurst Publishers in September 2016.

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