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A new Swedish survey has estimated the cost of crime to the private sector as equivalent to 1.2% of the country’s GDP, but the real figure is likely to be much higher.

The Confederation of Swedish Enterprise has published a unique study quantifying the cost of crime to the private sector. From the responses, gleaned from over 2 300 businesses in different sectors that took part in the study, the total cost of crime has been extrapolated. The figure, according to the report: 55 billion Swedish krona ($6.2 billion) per annum, or around 1.2% of Sweden’s GDP.

Although it might seem large, this figure takes into account only the direct costs of crime, meaning that expenditure to prevent or counter crime (such as the cost of security guards, surveillance cameras and so on) is excluded from the total. Other examples of indirect costs not taken into consideration by the survey are the reduced investment and lower productivity resulting from crime.

Furthermore, the financial sector was excluded from the Swedish study, leaving a major unaccounted-for hole in the real cost of crime to the private sector. As financial institutions absorb a significant portion of the cost of financial crime, in the form of card fraud or insurance, for example, this would mean large additional sums have been omitted from the total cost of crime bill. Businesses incur crime costs borne by financial institutions indirectly through higher credit-card fees and insurance premiums.

And the disparities between the reported and actual costs of crime don’t necessarily end here. As the costs were based on self-reporting, certain categories of crime are most likely underestimated in the new survey. Although fraud was one of the top three crimes (in terms of the participants’ declared expenses), this figure represents only discovered fraud. A robbery is highly visible and its direct costs easy to calculate. Successful fraud, however, is frequently never discovered. And the same is true for certain types of cybercrime and intellectual-property infringement – and even when they are revealed, it is sometimes almost impossible to estimate the actual cost.

Until further studies are undertaken, it will not be possible to put an accurate figure on the total cost of crime to business. But if one were to take the figure of 1.2% of GDP from the findings of the Swedish study, which excludes the banking and payment systems, the insurance industry and indirect costs (such as preventative costs, reduced investment and productivity), and which is based on an underreporting of certain costs (such as fraud, cybercrime and intellectual-property infringement), it is not a completely far-fetched guesstimate that the total costs of crime to business could exceed 2% of Sweden’s GDP.

Swedish security firms have a multibillion-krona turnover, perhaps around half of which derives from revenue from corporate security. A ballpark estimate from an industry insider is that the private sector spends about 15 billion krona ($1.7 billion) on security annually, equivalent to more than 0.3% of GDP.

Taking this security spend into account would give us a cost of crime equivalent to around 1.5% of GDP. The OECD and the EU Intellectual Property Office estimate that 2.5% of global exports are counterfeit products. From this, one could estimate that Sweden forgoes export revenues worth around 33 billion krona ($3.7 billion) due to the market for illicit products. (The total loss is much larger still if one includes Swedish-owned intellectual property manufactured abroad, the damage incurred to Swedish brands through substandard fakes and the pirating of digital content.) Combined, these additional costs bring the total to above 2% of GDP.

And yet this higher figure is still likely to be an underestimate, as it does not include the costs to financial institutions or the insurance sector, underestimates the direct costs of certain crime categories and excludes most indirect costs.

Generally, as a December 2017 Global Initiative report found, the scale of organized crime and its impact on the private sector are growing alarmingly worldwide. According to that research, the total financial impact of organized crime (on society as a whole) was a staggering $3.6–$4.8 trillion in 2015/2016, or 7% of global GDP (it should be borne in mind that the direct costs of crime are likely to be higher as a proportion of GDP in many other parts of the world than they are in Sweden). Of this, the revenue loss borne by the private sector alone is estimated in the region of $130 billion.

While certain key private-sector industries are particularly disadvantaged (notably from revenue loss incurred by counterfeit goods in the consumer-goods market and asset theft in the transport and logistics industries), the challenge is economically overarching and multi-dimensional, and there is a sense that current measures to combat organized crime in the private sector are proving ineffective.

As the recent Swedish study foregrounds – especially evidenced by its methodology gaps and underestimates – more comprehensive analysis is needed that accurately examines the costs of crime and organized crime as they affect the private sector.

Computando el costo de la delincuencia en los balances del sector privado

Una investigación realizada en Suecia estima que el costo de la delincuencia en el sector privado equivale al 1,2% del PBI del país, aunque la cifra real puede ser muy superior.

La Confederación de Empresas Suecas ha publicado un estudio único en su tipo que cuantifica el costo de la delincuencia en el sector privado. A partir de las respuestas, recopiladas de más de 2.300 empresas de diferentes sectores que formaron parte del estudio, se pudo extrapolar el costo total de la delincuencia. La cifra, según este análisis: 55 billones de coronas suecas anuales ($6,2 billones), o aproximadamente el 1,2% del PBI de Suecia.

Aunque puedan parecer elevadas, estas cifras sólo consideran los costos directos de la delincuencia, lo que significa que los gastos para prevenirla o combatirla (por ejemplo, los gastos en guardias de seguridad, cámaras de vigilancia, etc.) no están contemplados en el cálculo. Otros ejemplos de costos indirectos que fueron omitidos del análisis son la baja en las inversiones y la reducción de la productividad que surgen de la delincuencia.

Además, se excluyó al sector financiero, dejando un hueco importante sin contabilizar. Puesto que las instituciones financieras absorben una parte significativa de los costos de los delitos financieros (por el fraude en tarjetas de crédito o en seguros, por ejemplo), significa que se han omitido sumas considerables en la ponderación del costo total de la delincuencia. Las empresas le hacen frente indirectamente a los costos en los que incurren las instituciones financieras por este tipo de delitos pagando tarifas más elevadas para las tarjetas de crédito y las pólizas de seguro.

Pero las disparidades entre los costos informados y los reales no terminan necesariamente aquí. Debido a que las cifras se basan en las estimaciones realizadas por las empresas, es muy probable que se subestimen ciertas categorías de delitos. Pese a que el fraude fue uno de los tres delitos principales en términos de gastos declarados por los participantes, esta cifra sólo representa los fraudes que han sido descubiertos. Un robo es muy visible y sus costos son fáciles de calcular. Sin embargo, un fraude exitoso suele no salir nunca a la luz. Y lo mismo ocurre con ciertos tipos de ciberdelitos y violaciones a la propiedad intelectual – incluso cuando son identificados, muchas veces resulta casi imposible estimar los costos reales.

Hasta que no se realicen nuevos estudios, no será posible precisar con exactitud el costo total que representa la delincuencia para las empresas. Pero si tomáramos el 1,2% del PBI de los resultados del estudio sueco, que excluye a los bancos y sistemas de pago, las aseguradoras y los costos indirectos (como los gastos de prevención, la merma en la inversión y la productividad) y que no llega a informar el valor total de ciertos costos (como el fraude, el ciberdelito y las violaciones a la propiedad intelectual), no sería descabellado estimar que los costos totales de la delincuencia para las empresas superan el 2% del PBI de Suecia.

Las firmas de seguridad suecas tienen un volumen de facturación millonario, y quizás cerca de la mitad de esas sumas deriva de los ingresos de la seguridad corporativa. Un conocedor de la industria calcula que el sector privado destina cerca de 15 billones de coronas suecas ($1,7 billones) a gastos de seguridad por año, lo que equivale a más de 0,3% del PBI.

Si para el cálculo tuviéramos en cuenta estos gastos en seguridad, el costo de la delincuencia equivaldría a cerca del 1,5% del PBI. La OCDE y la Oficina de Propiedad Intelectual de la UE estiman que los productos falsificados representan el 2,4% de las exportaciones mundiales. A partir de esto, podría estimarse que Suecia deja de percibir ingresos por exportaciones por unas 33 billones de coronas ($3,7 billones) que se lleva consigo el mercado de productos ilícitos. (La pérdida total es mucho mayor si se incluye propiedad intelectual sueca de productos fabricados en el exterior, el daño incurrido por las marcas suecas mediante productos falsificados y la piratería de contenido digital) Juntos, estos costos adicionales llevan el total por encima del 2% del PBI.

Incluso así, esta cifra puede ser inferior a la real, ya que no contempla los costos de las instituciones financieras o aseguradores, infravalora los costos directos de ciertas categorías de delito, y excluye la mayoría de los costos indirectos.

En términos generales, como reveló un informe de la Iniciativa Global de diciembre de 2017, la dimensión de la delincuencia organizada y su impacto en el sector privado están creciendo de manera alarmante a nivel mundial. De acuerdo con esa investigación, el impacto financiero total de la delincuencia organizada (sobre la sociedad en general) fue de entre $3,6 y $4,8 trillones en 2015/2016, o de 7% del PBI mundial (debe tenerse en cuenta que es probable que los costos directos sean más altos como proporción del PBI en muchas otras partes del mundo de lo que son en Suecia). De aquí, la pérdida de ingresos soportada sólo por el sector privado está estimada en la región en $130 billones.

Si bien determinadas industrias del sector privado están particularmente en desventaja (principalmente por la pérdida de facturación a raíz de la falsificación de productos en el mercado de bienes de consumo y del robo de activos en las industrias de transporte y logística), el desafío es económicamente global y multidimensional, y la percepción es que las medidas para combatir la delincuencia organizada en el sector privado no están siendo efectivas.

Como se desprende del estudio sueco, es especialmente debido a las evidentes lagunas en su metodología y las subestimaciones que necesitamos de análisis más completos que examinen con precisión los costos de la delincuencia y de la delincuencia organizada en el sector privado.

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Author

Karl Lallerstedt

Karl Lallerstedt is senior advisor for security policy at the Confederation of Swedish Enterprise. He is also the co-founder of Black Market Watch and member of the OECD Task Force on Countering Illicit Trade. Formerly Karl was the anti-illicit trade strategy director at a leading multinational corporation, steering committee member of the International Chamber of Commerce’s Business Action to Stop Counterfeiting and Piracy (BASCAP), and a political and economic analyst for the Department of State, Oxford Analytica and the Economist Intelligence Unit.

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