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This month, the acclaimed HBO TV Show Game of Thrones broke online piracy records with one million illegal downloads in just half a day.

Online pirating in the entertainment industry  is said to cost the US economy more than $12.5 billion dollars a year.  Almost a quarter of all internet traffic (excluding pornography) is estimated to be infringing copyright, according to a report commissioned by media and entertainment company NBC Universal.  A study by the Business Software Alliance found that 42% of computer software used around the world was pirated in 2011, in African countries, it goes as high as 80-90%.  The commercial value of software theft is a staggering $63.4 billion.

And this is a truly global phenomenon.

In the upcoming Broadcast Film and Music Africa conference, to be held in May, piracy, broadcasting rights, licensing and legal framework development are some of the hot topics to be discussed, as there is little culture or capacity for regulation of the industry.  It is estimated that legitimate content accounts for less than 10 % of the music market in many African nations.  With numbers like this, it makes it almost impossible to maintain the African entertainment industry as a profitable enterprise, thereby reducing the capacity of the creative economy to be a true driver for development.

But while online piracy is clearly a drain on the legitimate economy and on entertainment entrepreneurship, is it an organized crime?

The majority of online content theft is done through peer-to-peer (P2P) file sites such as BitTorrent, which allow individual users to share content.  Music sales in the United States dropped 47 percent in the decade since P2P file sharing site Napster was created in 1999, according to the Recording Industry Association of America.  P2P is not itself illegal, and neither are the companies that provide the file-sharing platforms.   Since the infamous Napster, the companies providing P2P services are held not liable for the actions of their clients.  

With the companies absolved, the pirate then becomes the individual who shares files in a way that infringes the permissions granted by the copyright holder.  The criminality of infringement of copyright – even on the mass scale that is now undertaken – is still not organized crime.

The greatest danger from online piracy is from the almost lackadaisical legitimacy it appears to have.  A survey in Brazil found 59% of respondents did not consider downloading copyright material a crime.  A Danish survey found 70% of people felt there was nothing wrong with illegal downloads.  A recent study showed that piracy websites are even now attracting such legitimacy as to garner advertising revenue, at the scale of more than $220 million a year.  In March this year, the premier photostock company, Getty Images, found theft of its images to be so widespread, it essentially gave up the fight and made 35 million images from its extensive library free for use.

Because of its low social stigma, piracy and counterfeiting are often considered a low priority for law enforcement.   But the crime is both serious, violent and arguably becomes “organized”, with the vast criminal market for the onward selling of pirated products for profit.

Concerns of connections between media piracy and narco-trafficking, arms smuggling, and other “hard” forms of organized crime have been part of enforcement discourse since the late 1990s, when the International Foundation for the Phonographic Industry (IFPI) began to raise concerns about the transborder smuggling of pirated CDs (IFPI 2001).  It estimated that criminal groups were earning between $4-5 billion from the sale of counterfeit CDs, an extraordinarily large amount at the time.  

In 2009, the Rand Corporation published a comprehensive report examining the connections between  piracy, organized crime and terrorism, which found provided compelling evidence of a broad, geographically dispersed, and continuing connection between film piracy and organized crime, as well as evidence that terrorist groups such as Hezbollah have used the proceeds of film piracy to finance their activities.  More recent investigations in Brazil have shown a clear link between the criminal groups trafficking drugs or smuggling weapons, and those behind entertainment piracy.  The Brazilian case in fact described entertainment piracy as the “Plan B” of organized crime, used to bolster profits, buy weapons and expand operations.

Organized crime groups derive great benefit from piracy and counterfeiting of goods, and it is, in fact, one of the highest drivers of criminal profits.  The Rand Corporation study showed that the margin on piracy is far higher than that on drug trafficking, and that online piracy operations can be completely controlled from source to end by criminal groups.  

Criminal groups, are dangerous, violent and damage human security, economic development and stability.  Whatever helps them to thrive, should be taken seriously.

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Piratería en la industria del entretenimiento: ¿un hecho alarmante de aparente legitimidad, o un delito organizado?

Este mes, la aclamada serie de HBO, Juego de Tronos (Game of Thrones), rompió todos los records de piratería online con un millón de descargas ilegales en sólo algunas horas.

Se presume que la piratería online en la industria del entretenimiento le cuesta a la economía de los Estados Unidos más de $12.5 billones anuales. Según un informe de la empresa de medios y entretenimiento NBC Universal, se estima que cerca de un cuarto de todo el tráfico de internet (excluyendo la pornografía) está infringiendo derechos de autor. Un estudio del Business Software Alliance reveló que en el año 2011, el 42% del software de informática en el mundo fue pirateado. En países africanos, la cifra se eleva al 80-90%. El valor comercial de la piratería de software se calcula es de $63.4 billones.

Y este es un fenómeno verdaderamente mundial.

En la próxima conferencia Broadcast, Film and Music Africa a celebrarse en mayo, algunos de los puntos que se discutirán serán la piratería, los derechos de transmisión, las licencias y el marco legal de desarrollo en una industria con escasa cultura y capacidad para su regulación. Se estima que en muchos países africanos, el contenido legítimo en la industria de la música asciende a menos del 10%. Con cifras como estas, es casi imposible que la industria del entretenimiento en África sea redituable, lo que reduce la capacidad de la economía creativa como factor generador de desarrollo.

Pero mientras que la piratería online es claramente un drenaje en la economía legítima y en los emprendimientos creativos, ¿constituye un delito organizado?

La mayor parte del robo de contenidos se realiza a través de redes peer-to-peer (P2P) –o redes de pares o punto a punto-, como BitTorrent, que les permiten a los usuarios compartir contenido. Según la Asociación de Industria Discográfica de Estados Unidos (Recording Industry Association of America), la venta de música en los Estados Unidos cayó un 47% desde la creación del Napster en 1999, otro sitio P2P para compartir archivos. Las redes P2P no son en sí mismas ilegales y tampoco lo son las empresas que proveen la plataforma para compartir los archivos. Desde la creación de la infame Napster, las empresas que ofrecen servicios P2P fueron declaradas inocentes y exentas de las acciones que realizan sus clientes.

Con la absolución de estas empresas, los piratas, entonces, son los propios individuos que comparten los archivos infringiendo los derechos de propiedad intelectual. La violación de los derechos de autor –incluso en la escala masiva que ha tomado –no constituye un delito organizado.

La mayor preocupación sobre la piratería online es la aparente legitimidad con la que se utiliza. Un sondeo en Brasil reveló que el 59% de los participantes no consideraban que la descarga de material protegido por derechos de autor constituyese un delito. Una encuesta en Dinamarca develó que el 70% de las personas sentía que no había nada de malo en descargar archivos de manera ilegal. Un estudio reciente mostró que los sitios web de piratería están afirmando esta legitimidad e incluyendo publicidad en sus plataformas que les genera una ganancia anual superior a los $220 millones. En marzo de este año, GettyImages, empresa premium de venta de imágenes en stock, descubrió que el robo de imágenes estaba tan generalizado que, básicamente, abandonó la batalla y comenzó a ofrecer 35 millones de imágenes de su stock de manera gratuita.

Por su bajo estigma social, a la piratería y falsificación, con mucha frecuencia, se les asigna baja prioridad dentro del tratamiento de la ley, pero el delito es serio, violento y puede decirse que se convierte en “organizado”, con una gran parte del mercado delictivo dedicado a la venta continua de productos piratas.

Las preocupaciones por conexiones entre la piratería online y el narcotráfico, el contrabando de armas y otras formas “duras” de delitos organizados han sido material de debate desde los últimos años de la década de los 90’, cuando la Fundación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) comunicó sus preocupaciones sobre el contrabando de CDs piratas (IFPI 2001). La misma estimó que los grupos delictivos estaban generando ganancias de entre $4-5 billones por la venta de CDs falsos, una cifra extraordinaria en su tiempo.

En 2009, Rand Corporation publicó un muy completo informe que examinaba las conexiones entre la piratería, el delito organizado y el terrorismo, que fue de evidencia contundente de una conexión amplia, continua y geográficamente dispersa entre la piratería de películas y el delito organizado, a la vez que probó que grupos terroristas como Hezbollah habían utilizado las ganancias de la piratería de películas para financiar sus actividades. Investigaciones más recientes llevadas a cabo en Brasil pudieron mostrar una unión clara entre grupos delictivos dedicados al tráfico de drogas o al contrabando de armas con aquellos detrás de la piratería en la industria del entretenimiento. Este caso describió la piratería en la industria creativa como el “plan B” del delito organizado, utilizado para generar ganancias, comprar armas y expandir sus operaciones.

Los grupos delictivos organizados obtienen grandes beneficios de la piratería y falsificación de bienes que es, de hecho, uno de los principales generadores de ganancia ilegal. El estudio de Rand Corporation reveló que los márgenes de ganancia en la piratería son muy superiores a los del tráfico de drogas, y que esta forma de delito puede ser controlada por los mismos delincuentes de principio a fin.

La delincuencia es peligrosa, violenta y perjudica la seguridad humana, el desarrollo económico y la estabilidad. Cualquier acción que la facilite, debería tomarse seriamente.