In Analyzing Organized Crime, Human trafficking

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Combatir la trata de personas se ha convertido en uno de los mayores desafíos globales, el cual atrae promesas de apoyo de líderes mundiales, especialmente en Occidente.

Barack Obama y el Papa Francisco instaron a entablar compromisos universales para combatirla; el Reino Unido promulgó la ley contra la esclavitud moderna; y en 2016, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró el primer debate temático sobre trata de personas. Los objetivos para poner fin a esta forma de delito han sido incluidos en las metas de Desarrollo Sostenible de la ONU y el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre trata de personas ha hecho un llamado a adoptar nuevas estrategias para encarar el problema, especialmente en contextos de conflictos.

En febrero, el Presidente de los EEUU, Donald Trump, prometió poner todo el “peso y la fuerza” del gobierno estadounidense para combatir la “epidemia” y, en marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU sostuvo que “en tiempos de divisiones en tantos aspectos, este debería ser un problema que nos una”.

Ayer, en el Día Mundial contra la Trata de Personas, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) hizo un llamado a “actuar para proteger y dar asistencia a personas víctimas de la trata”. Este es un mensaje importante, pero ¿cuánto impacto puede tener en Africa, en donde la definición internacional de este problema no siempre se ajusta al contexto?

Lo que Occidente ve como trata de personas, en Africa es simplemente una forma de buscar de una vida mejor

La trata de personas es un delito que reduce a una persona a una condición de materia prima que puede ser comprada, vendida, explotada y abusada. Es un término general que incluye varias prácticas delictivas, incluyendo el trabajo forzado y la esclavitud moderna, la explotación sexual, el tráfico de órganos, el trabajo infantil, el matrimonio infantil., y uso militar de niños.

Las respuestas de Africa a este asunto han sido ambiguas. Pese a que todas las naciones africanas, excepto dos, han ratificado el protocolo sobre trata de personas de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, raramente este problema aparece como prioritario en las agendas. Si bien la Comisión de la Unión Africana (UA) lanzó una iniciativa contra la trata (AU.COMMIT), es un tema que sigue estando bajo en la lista de prioridades del bloque regional.

No obstante, la narrativa de los informes internacionales sobre Africa muestra a la trata como un flagelo en el desarrollo del continente que afecta a cada región.

En Africa Central, es una práctica tradicional generalizada que las familias pobres o rurales envíen a sus hijos a vivir con familiares o con familias desconocidas a grandes ciudades para que puedan recibir una educación a cambio de que el niño o la niña realice las tareas del hogar. Si esta situación no es supervisada, puede dar lugar a abusos. Muchos niños de Benin, Guinea, Mali, Togo, Burkina Faso, Camerún, Liberia y Sierra Leona son alojados por familias en buena posición económica, en ocasiones en condiciones de esclavitud moderna.

Los niños del norte africano trabajan en agricultura, minería artesanal del oro, recolección de agua, construcción y mecánica. Algunos informes sugieren la presencia de grupos organizados que fuerzan a niños de la calle en Argelia y Túnez a robar, mendigar o a funcionar como mulas para traficar drogas, y que hay niños de Sudán y Egipto que han sido traficados a Arabia Saudita e Italia y obligados a mendigar.

En Africa, casi todos los esfuerzos para contener el tráfico están relacionados con el control de la migración ilícita.

En el sur africano, hombres, mujeres y niños son explotados en la fabricación de ladrillos, servicio doméstico, agricultura, minería artesanal y la pesca. Ha aumentado el número de informes de trabajo forzado y explotación laboral conforme se expanden los sectores mineros, manufactureros y agrícolas en países como Zambia, Malawi, Mozambique y Botswana.

Sin embargo, la definición y el análisis de un problema dependen mucho de la perspectiva, y la pregunta es: ¿Logra reflejar adecuadamente la terminología internacionalmente aceptada en torno a la trata de personas la realidad del contexto africano? Muchas veces, lo que la comunidad internacional califica como trata de personas localmente son prácticas laborales aceptadas que constituyen la única fuente de empleo disponible.

Los niños puede ser vistos como una potencial fuente de ingresos, ya sea mediante el trabajo, principalmente como servidumbre doméstica para niñas, o mediante el matrimonio infantil para las hijas, que tiene la doble ventaja de ofrecer un dote y proteger la reputación familiar. Si bien estas prácticas no deberían ser justificadas, los programas contra la trata raramente ofrecen alternativas sostenibles a largo plazo para el desarrollo social y económico, ni opciones para abatir o extirpar sus causantes.

Además, pese a que la trata de personas es un delito sin fronteras y que la UNODC estima que 90% de los flujos de tráfico sub-sahareanos son de distancias cortas, en el contexto africano existe una fuerte inclinación a asociar la trata de personas con la migración irregular.

Con las tasas migratorias hacia Europa en alza, han surgido iniciativas regionales para abordar la migración irregular, como el Proceso Khartoum en Africa Oriental, y el Proceso Rabat en Africa Occidental. Y es aquí donde se asiste vez más con iniciativas contra la trata de personas, paralelamente a los esfuerzos para contener el contrabando de migrantes,

Esto hace que la situación para los gobiernos africanos sea incluso más compleja.

Los programas de lucha contra la trata de personas raramente ofrecen alternativas de progreso social y económico a largo plazo.

Sí, los migrantes y los refugiados son extremadamente vulnerables a la explotación y los abusos, y el contrabando de migrantes muchas lleva a situaciones de trabajo forzado. Pero la migración y el contexto en el que ocurre son muy diferentes a los imaginados por los autores de la UNTOC. La terminología empleada en el convenio y sus protocolos, y las claras distinciones provistas entre trata de personas y contrabando de migrantes, son cada vez logran captar menos la complejidad del flujo de personas en 2017.

Por las mismas rutas viajan personas con historias, experiencias y razones divergentes. Aunque hay algunos que no consienten el viaje (o por lo menos no están totalmente informados del propósito del mismo), la mayoría son totalmente conscientes de que a lo largo del camino afrontarán coimas, amenazas, violencia, y abusos. Aun así, otros hacen acuerdos con sus traficantes de tipo “transporte por trabajo” que suelen acabar en periodos prolongados de trabajo forzado o en servidumbre por deuda.

Para muchos africanos, migrar al Golfo, Europa o Norteamérica  – sin importar las condiciones – es una propuesta económica y de desarrollo sumamente positiva para ellos, su familia, y, por remesas que transfieren luego, sus comunidades y su nación. Las economías africanas se benefician de más de $35 billones anuales en remesas. Los riesgos y abusos presentes en el viaje son vistos como el precio que hay que pagar por el futuro de su familia.

Cuando se adopta la perspectiva de los estados africanos y de su gente, es muy frecuente que lo que Occidente juzga como trata de personas es simplemente una forma de buscar nuevas oportunidades y una vida mejor, y las campañas internacionales son percibidas como un intento de restringir esas oportunidades.

No sorprende entonces que algunos gobiernos africanos hablen de la boca para afuera en un discurso al que se traza principalmente fuera de Africa.

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Escrito para el proyecto ENACT por Tuesday Reitano, Vice Directora de la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional.

ENACT está financiado por la Unión Europea (UE). Los contenidos de este artículo son de responsabilidad del autor y bajo ninguna circunstancia deben ser considerados como un reflejo de la posición de la UE.