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Abajo la versión en español

Are you sure enslaved children did not make your Easter eggs?  As Easter draws nearer, in many parts of the world, chocolate eggs, bunnies and other treats make children’s eyes bigger.  But for children in other parts of the world, Easter – and the chocolate industry – means untold misery.

The US$102 billion global chocolate industry has a longstanding link to forced and child labour in the production of cocoa.

West African countries supply more than 70% of the world’s cocoa market – Cote d’Ivoire alone supplies 40% of the world’s market.  This industry is fueled by the forced labour of an estimated 1, 8 million children.  Extreme poverty and lack of livelihood opportunities results in some families sending their children to work on cocoa farms.  It is reported that some children are ‘sold’ to traffickers or farm owners, paying for a determined duration of labour.  Children as young as 10 years then work for 12-14 hours a day with few breaks, insufficient water and nutrition, forced to carry heavy bags of cocoa beans across long distances, and with  exposure to pesticides and other hazardous agricultural chemicals without adequate protection.  Almost every child on a cocoa farm will display scars and wounds from swinging the heavy-bladed machetes used to crop the plants.

While child trafficking for labour exploitation is rife in the chocolate industry, including by some of the biggest and best recognised brand names.  Complex supply chains make it challenging to detect these human rights violations.  To comply with international labour standards and norms, such as the ILO convention 138 on the Minimum Age for Employment and the ILO Convention 182 on the Worst Forms of Child Labour, multinational corporations need to ensure that their suppliers are not involved in human trafficking and/or forced labour of children and adults.  Companies should further implement monitoring systems, transparent procurement policies, regular auditing activities and training of the supply chain managers on how to detect human trafficking/forced labour or any other irregular incidents.

Thus far, however, there have been no significant steps taken to counter child labour or abusive labour practices.   The so called ‘Cocoa Protocol’ initiated by the US Senator Harkin and Congressman Engel in 2001, was intended to require all chocolate sold in the US to indicate that it was produced slave-labour-free or child-slave-labour-free, but lobbying instead watered it down to an industry regulated six-point plan to end child labour in chocolate production.  Lack of monitoring makes it unclear if there has been any impact from the Protocol.

Capacity building efforts like the International Cocoa Initiative, the World Cocoa Foundation and the Roundtable for a Sustainable Cocoa Economy have added voices of concern, but have done little in terms of tangible advancement.

Although the industry could put an end to the use of child/slave labour by paying cocoa farmers a living wage, it seems that only through consumers’ pressure, the industry will change their supply chain management and procurement standards.  In 2012, Miki Mistrati, creator of the award-winning documentary, The Dark Side of Chocolate said: ‘I know there is a lot of pressure on the industry right now so I think we will soon see some changes — only I doubt it will be through the Harkin-Engel protocol. I think it will be through consumers who demand change and better conditions for the workers.’

But that consumer pressure has been slow in coming, despite strong advocacy and awareness raising campaigns by NGOs.  Under current regulations, the consumer has no way to ensure that the chocolate he is buying is free of child/slave labour.  There are a growing number of certification schemes (Fairtrade, Rainforest Alliance, UTZ Certified) that track if companies are implementing the social and environmental standards that are critical to the creation of a sustainable cocoa supply chain.   The cocoa produced in Latin America is mostly grown as organic product, which includes a fair payment for the farmers, and no there have been no child/slave labour scandals documented as in the case of West Africa, thus far.  However, cocoa sold under the Fair-trade label captures only 0.1 % of the cocoa market share.

The chocolate industry is said to be growing at a rate of 80% per annum.  This growth cannot be sustained on the back of child exploitation.  The problem of child/slave labour in the chocolate industry will only be eliminated through awareness and advocacy by the consumer, but this must be matched with real political will on the part of the corporations producing and distributing chocolate products.  

Here you can find a directory of recommendable, less or not recommendable chocolate companies.

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Pascuas agridulces: la esclavitud en la industria del chocolate

¿Estás seguro que un niño esclavo no hizo tus huevos de Pascuas? Se acercan las Pascuas y, en muchas partes del mundo, los niños esperan con ansias los huevos y conejos de chocolate. Pero a niños en otras partes del mundo, las Pascuas –y la industria del chocolate en general – sólo significan miseria.

La industria mundial de chocolate, valuada en US$102 billones, está relacionada desde hace años con el trabajo forzado e infantil en la producción de cacao.

Los países de África Occidental proveen por encima del 70% del mercado mundial de cacao – sólo Costa de Marfil suministra 40% del mercado global. Esta industria está alimentada por el trabajo forzado de alrededor de 1.8 millones de menores. La pobreza extrema y la falta de oportunidades de sustento obligan a muchas familias a enviar a sus hijos a trabajar en plantaciones de cacao. Según se informa, algunos niños son “vendidos” a traficantes o propietarios de campos quienes pagan por un determinado tiempo de trabajo. Niños de 10 años trabajan entre 12 y 14 horas diarias con algunos pocos descansos, insuficiente agua y mala nutrición y son forzados a mover bolsas pesadas de granos de cacao durante largos trayectos, con exposición a pesticidas y otros químicos agrícolas nocivos sin una adecuada protección. Casi todos los niños en una plantación de cacao presentarán cicatrices y heridas producidas por los machetes que ellos mismos manipulan para cosechar las plantas.

La trata de menores para explotación laboral está extendida a lo largo de toda la industria chocolatera, y están incluidas algunas  de las marcas más grandes y reconocidas. Las complejas cadenas de suministro dificultan la detección de estas violaciones a los derechos humanos. En cumplimiento con las normas y estándares internacionales, como el convenio No. 138 de la OIT sobre la edad mínima de admisión al empleo y el convenio No. 182 de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil, las empresas multinacionales deben asegurar que sus proveedores no están involucrados en la trata de personas y/o el trabajo forzado de menores y adultos. Las empresas además deben implementar sistemas de supervisión, políticas transparentes de adquisición, auditorías frecuentes y deben capacitar a los gerentes de sus cadenas de suministro sobre cómo detectar la trata de personas, el trabajo forzado o cualquier otra actividad irregular.

De todos modos, hasta el momento no se han dado pasos importantes para combatir el trabajo infantil o las prácticas de trabajo abusivas. El llamado “Protocolo del Cacao”, iniciado por el senador estadounidense Harkin y el legislador Engel en 2001, estuvo destinado a exigir que todos los chocolates vendidos en los Estados Unidos indicaran que no fueron producidos bajo trabajo esclavo o trabajo esclavo infantil, pero las presiones lo diluyeron a un plan de 6 puntos regulado por la industria para combatir el trabajo infantil en la producción de chocolate. La falta de monitoreo hace que no sea claro si el Protocolo tuvo algún impacto.

Los esfuerzos en desarrollar capacidades, como International Cocoa Initiative (Iniciativa Internacional de Cacao), World Cocoa Foundation, y Roundtable for a Sustainable Cocoa Economy (Mesa Redonda para una economía de Cacao Sostenible) han agregado voces pero han hecho poco en términos de avances.

Si bien la industria podría poner un fin al trabajo esclavo e infantil pagándoles un salario digno a los cultivadores de cacao, parece que sólo mediante la presión de los consumidores la industria va a cambiar la administración de su cadena de suministro y los estándares de obtención de materia prima. En 2012, Miki Mistrati, creador del premiado documental “El Lado Oscuro del Chocolate” dijo: “Sé que hay mucha presión en la industria ahora, así que creo que pronto veremos algunos cambios –sólo que dudo que sea a través del Protocolo Harkin-Engel. Creo que va a surgir a través de la demanda de los consumidores de cambiar y mejorar las condiciones de los trabajadores”.

Pero la presión de los consumidores es lenta a pesar de las fuertes campañas para la toma de conciencia que han llevado a cabo varias ONGs. Con las regulaciones actuales, los consumidores no tienen forma de saber con certeza que el chocolate que están comprando no fue producido en circunstancias de esclavitud o de trata de menores. Existe un número creciente de programas de certificación (Fairtrade, Rainforest Alliance, UTZ Certified) que monitorean si las empresas están implementando los estándares ambientales y sociales críticos para la creación de una cadena de suministro de cacao sostenible. El cacao producido en América Latina es principalmente cultivado como un producto orgánico, lo que entre otras cosas significa que los productores han recibido un salario justo, y hasta el momento no existen escándalos de trabajo esclavo o infantil que estén documentados como en el caso de África Occidental. No obstante, el cacao vendido con la etiqueta de Fair Trade/Comercio Justo sólo captura el 0.1% del mercado de cacao.

Se dice que la industria del chocolate crece a un ritmo del 80% anual. Este crecimiento no puede sostenerse mediante la explotación de menores. El trabajo esclavo e infantil en la industria del chocolate sólo va a poder eliminarse a través de la toma de conciencia por parte de los consumidores, pero esto debe acompañarse de una voluntad política real por parte de las empresas productoras y distribuidoras de productos hechos a base de chocolate.

En el siguiente enlace encontrarán un directorio de empresas productoras o distribuidoras de chocolates recomendables, menos recomendables o no recomendables.

 

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